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¿Estamos en la tercera ola de las fintech?

México, la autorización de operaciones de las fintech se ha dado a cuentagotas y, por lo mismo, el sector no puede tener un crecimiento acelerado ni alcanzar su máximo potencial, apunta Nick Grassi.
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TeeTime Klever/Expansión

Con frecuencia se piensa en la combinación de tecnología y finanzas como algo enteramente novedoso; sin embargo, la historia de la industria financiera es una que va de la mano con la tecnología. Desde mediados del siglo XIX el mundo comenzó a ser testigo de los alcances de esta dupla.

Actualmente las fintech son quizá el principal emblema de tecnología y finanzas. No es para menos. Aunque comúnmente se les asocia como innovadoras por emplear la tecnología en la industria financiera.

Lo cierto es que son innovadoras no por el uso de la tecnología en sí, sino porque esto les permitió incluir financieramente a poblaciones que han sido excluidas por la banca tradicional.

Por extraño que parezca la historia de la dupla tecnología y finanzas se remonta a 1858, cuando el primer cable telegráfico transatlántico comenzó a operar conectando a dos continentes en tiempo casi real por primera vez y ofreciendo a inversionistas y empresarios de Europa y Estados Unidos la posibilidad de manejar sus activos financieros desde distintas latitudes.

Esto ha llevado a académicos, como el Dr. Douglas Arner de la Universidad de Hong Kong, a hablar de ese periodo como la primera época de globalización financiera e incluso una de ‘proto fintech’, es decir, antes de las fintech.

Los avances en aquellos tiempos eran lentos y poco democráticos. Y quizá por ello es que sorprende tanto lo que vemos hoy en día en el sector financiero, porque los procesos de desarrollo e integración tecnológica avanzan a pasos agigantados.

En el maremoto fintech actual, de hecho se habla de que estamos en las vísperas de una tercera ola que cambiará por completo el funcionamiento de la industria financiera a nivel global.

¿Cómo llegamos a este punto?

Lo que entendemos hoy en día como fintech es específicamente la relación estrecha entre el sector financiero y las tecnologías de la información. La primera ola refiere a un momento de disrupción que presentó la industria.

Un punto en el que pequeñas empresas comenzaron a diseñar productos y servicios novedosos, encabalgados en procesos digitales, que abrieron el abanico de posibilidades de los usuarios que históricamente se habían quedado al margen de la población bancarizada.

Muy específicamente, tras el colapso bancario de 2008 y una falta de confianza en las instituciones tradicionales.

La segunda ola fintech tuvo que ver con la reacción de la banca tradicional a esa irrupción de empresas jóvenes y con ganas de romper con todo lo establecido.

En ese momento -que es técnicamente en el que aún nos encontramos-, las instituciones financieras consolidadas han adoptado modelos tecnológicos de punta y han modificado sus procesos y productos para competir con la oferta de las fintech.

¿Cómo se vería una tercera ola fintech?

De acuerdo a Jeff Gido, Director Global del Sector de Financial Technology de Goldman Sachs, las fintech se encuentran a punto de entrar a una tercera ola. En ella, supuestamente se dará una colaboración entre las empresas de la industria.

Es decir, habrá un entendimiento conjunto de fintech y banca tradicional para crear más y mejores productos aprovechando lo que ambas caras de la moneda pueden ofrecer: por un lado, creatividad, tecnología y novedad; por el otro, solidez institucional y alcance masivo de usuarios y clientes.

¿Qué tan plausible es esto? Si bien es cierto que cada vez hay mayor colaboración al interior del sector agregado -por ejemplo, modelos como el del Open Banking que abogan por un flujo transparente de información entre instituciones financieras, sin importar si se tratan de tradicionales o fintech.

Son contados los casos en los que se crean alianzas expansivas para imaginar que esa tercera ola será una realidad en el corto plazo, particularmente en países como México y los de América Latina.

¿Qué falta para consolidarla?

En buena medida, una tercera ola fintech, como la que propone Gido, se encuentra lejos de la industria porque la regulación es todavía un desafío para el sector; de nuevo, específicamente en México y Latam.

El paquete de reglas secundarias de Open Banking no ha terminado de consolidarse; por lo mismo, no existen aún las condiciones de infraestructura y legislación para que las interfaces de programación de aplicaciones de todas las instituciones financieras operen en su conjunto y manejen adecuadamente datos transaccionales y agregados.

En México, la autorización de operaciones de las fintech se ha dado a cuentagotas y, por lo mismo, el sector no puede tener un crecimiento acelerado ni alcanzar su máximo potencial. Ambas son condiciones necesarias para que exista una colaboración entre fintech y banca en beneficio mutuo en el largo plazo.

Los avances han sido considerables, pero aún existen desafíos pendientes que deben ser atendidos antes de empezar a pensar en una tercera ola fintech, que no sólo catapultará a la industria financiera, sino que beneficiará enormemente a los usuarios finales.

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