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Scottie Scheffler gana el Masters

El número 1 se estrena en los grandes, aunque cierra el torneo con un grosero doble bogey.
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TeeTime Klever / Golf Digest

En estos tiempos urgentes donde tres meses parece un León, Scottie Scheffler fue por lo menos a completar uno de los capítulos más subrayados de este siglo.

Remató su misión con la conquista de su primer Masters, que supone su primer grande, su cuarto torneo en 2022 y también de los seis disputados, una secuencia extraordinaria en un deporte como el golf que desde 2000 sólo se lo había visto hacer a Tiger Woods en distintas ocasiones, a Jason Day en 2015 y a Vijay Singh en su colosal 2004.

Además, consolida el primer puesto en la clasificación mundial al que había llegado hace dos semanas por primera vez.

Scheffler, una especie de Tony Soprano con 25 años, muy completo en todas las facetas del juego, de discurso siempre amable, casado, cristiano, de una familia pudiente, gran estudiante y muy americano -marca la bola con una moneda de la independencia americana- tuvo un domingo más plácido de lo que se presumía cuando su bola se fue al bosque en el hoyo 3.

Cameron Smith, el australiano desafiante, había arrancado a toda tralla con dos birdies consecutivos. Pum, pum. Los tres golpes que tenía de renta se habían reducido a uno en 20 minutos.

Y con el texano nacido en Nueva Jersey, donde pasó apenas cinco años -sólo recuerda que juega en el jardín trasero de su casa-, en la pinaza se intuía una pelea seria.

Pero en Scheffler, un jugador en el que nadie reparaba hace 14 meses por citar un momento cumbre para el golf -el accidente de coche de Tiger Woods-, hay más que un golfista de un instante.

Su alianza con Ted Scott, el caddie que ya tiene tres chaquetas verdes tras ganar dos con Bubba Watson, lo ha agigantado aún más. Y de ahí la sacó como pudo hasta las faldas del green del hoyo 3.

Scottie Scheffler celebra la victoria en el Masters de Augusta.
Scottie Scheffler celebra la victoria en el Masters de Augusta.

Y entonces se vio que ganaría. Su chip dio dos botes, entró en el green y pegó en todo el palo de la bandera hasta hundirse en el agujero. Se suponía que el del juego corto “asquerosamente bueno” era Smith, pero el golpe le salió a él.

Y el australiano, que había jugado ese tramo exactamente igual que Scottie, hizo bogey y la diferencia volvió a tres golpes, franja de seguridad que ya nunca volvió a ser violada en lo que quedó de domingo, un día soleado, con las banderas de domingo para que la gente arriesgase.

Smith, al agua

El segundo asalto de Smith, que embocó un gran birdie en el hoyo 11 y volvió a colocarse de nuevo a tres con siete hoyos por delante. Duró un suspiro. En el par 3 del Amen Córner, el del lago, la metió directamente en el agua. Se cascó un 6, como tantos otros. Como Molinari en 2019, como McIlroy en 2011. Y ahí se acabó su crédito.

Precisamente fue Rory el que animó la tarde. Su maniobra se antojaba imposible desde que se inició. Partía a 10 golpes de Scheffler y a pesar de su extraordinario 64, igualando el récord histórico de una vuelta final, sólo le recortó siete golpes a Scottie que en un final indigno acabó con doble bogey. Iba sobrado.

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