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TeeTime Klever / Forbes México

Vivimos en un mundo donde los datos son el pan de cada día, desde cosas tan simples como comprar algo en internet hasta la operación de una fábrica, y gracias a este avance del uso de las tecnologías y la llegadas de más empresas por el nearshoring, México puede convertirse en un hub de data centers, asegura el CEO de MTP, José Sola.

En entrevista el directivo indica que aplicaciones como TikTok, WhatsApp, YouTube, el uso intensivo del ecommerce,  así como las empresas trabajan a diario con aplicaciones de Microsoft o Google, lo que disparan el consumo de información.

“Todo esto hace los que los centros de datos tengan que estar más cerca del cliente final; anteriormente, lo que estaba ocurriendo era que esa información se procesaba, se cargaba y tenía que ir vía redes de conectividad a Estados Unidos y eso es ineficiente, costoso y puedes tener problemas de calidad”, afirma.

Según datos de la plataforma Data Center Map, en la Unión Americana existen 1,974 data centers, mientras que Brasil cuenta con 82, en tanto que en Argentina, Chile y México existen 15 en cada uno de los países.

Por su parte, Statista estima que los ingresos en el mercado de centros de datos en el país alcancen los 3 mil 560 millones de dólares en 2023; sin embargo, espera que para el 2027 este sector alcance los 4 mil 150 millones de dólares.

“México se está convirtiendo en un hub, hay otros países que dada la lejanía que tenían con respecto a Estados Unidos, como el caso de Chile tiene una capacidad de 5 megawatts por cada millón de habitantes, aquí en México tenemos solamente 1.1 megawatts por cada millón de habitantes”, destacas Sola.

En este sentido, el CEO de MTP comenta que lo que está empujando el sector de centros de datos es que cada vez se demanda calidad y redundancia en territorio mexicano y no que se esté desplazando hacia otros sitios.

Además, considera que con las llegada de empresas por el nearshoring, las redes privadas de LTE serán clave para la automatización de su procesos, ya que tendrán miles de sensores y mucha de esa información se va a tener que procesar en centro de datos que estén más cercanos,

“Va a haber centro de datos ya lo que llamamos más pequeños, que es un poco la apuesta que estamos haciendo nosotros, identificados en la zona donde hay parques industriales significativos”, asegura José Sola.

Y es que desde hace unos años, una de las ramas de crecimiento del grupo son los data centers, dice el directivo, ya que observan una gran demanda en el en el país, porque hasta el momento los grandes data centers se han desarrollado más del otro lado de la frontera, es decir Estados Unidos,

“A medida que el consumo de datos ha ido aumentando en México, pues estos mismos proveedores de nube, en lugar de tener sus servidores en Estados Unidos, pues ahora hay una tendencia que esos servidores empiecen a estar alojados aquí en México”.

Por lo que hace 2 años MTP inició con pequeños centros distribuidos por todo el país, aprovechando que ya tenían presencia en 19 ciudades con torres de telecomunicaciones, de hecho, ya tienen mini data centers en las ciudades de Mérida, San Luis Potosí, León y Tijuana.

Además recientemente inauguraron su quinto centro de datos, ya de un mayor tamaño, en Santa Fe, con una capacidad de 1.1 megawatts, el cual requirió una inversión de aproximadamente 300 millones de pesos.

TeeTime Klever / Forbes México

Hace justo medio siglo, 16 representantes del gran consumo tomaron una decisión en Nueva York que sería el inicio de una revolución en el comercio mundial: el diseño del código para identificar productos.

Nacía así el código de barras que hoy se lee 6 mil millones de veces cada día.

La propuesta, que sigue la idea del código morse, rápidamente se extendió por todo el planeta hasta convertirse en uno de los inventos que más han transformado la economía moderna, según una clasificación de la BBC.

Hubo que esperar un año para tener la primera aplicación práctica: Sharon Buchanan, dependienta en un supermercado de Ohio (Estados Unidos) escaneó por primera vez un código de barras, un paquete de chicles que costaba 67 céntimos.

La idea cruzó el Atlántico muy rápido y sólo tres años más tarde se fundó en Bruselas la European Article Numbering Association (EAN), una organización sin ánimo de lucro para la gestión de estándares comerciales.

En la actualidad, GS1 es la organización sin ánimo de lucro que proporciona los estándares globales para una comunicación comercial eficiente, con presencia en 116 países.

“El código de barras ha transformado la economía y la vida de los propios consumidores. Los ciudadanos reclaman más información sobre los productos y las empresas necesitan más datos para ser más eficientes y lograr ser más sostenibles desde el punto de vista económico, social y medioambiental y el código de barras es un gran instrumento”, explica el director de GS1 Spain/Aecoc, Pere Rosell.

Cumple 50 años el código de barras, el primer ‘big data’ que cambió el comercio

Según el dossier preparado para celebrar esta efeméride, los códigos de barras -hay de varios tipos- sirven para identificar, capturar y compartir información sobre productos, localizaciones, empresas y todo tipo de datos.

Su lectura se ha convertido en un acto cotidiano que se repite hasta 6 mil millones de veces al día, pues está presente en mil millones de productos de todo el mundo y lo usan dos millones de empresas.

Según los datos de Aecoc, reduce un 60 por ciento los recursos destinados al intercambio de información entre los agentes de la cadena alimentaria y es clave también para uno de los retos más perseguidos: reduce el desperdicio alimentario hasta un 40 por ciento.

Un consumidor tiene complicado interpretar los números y las líneas que componen un código y que transmite toda esa información si se lee con un láser.

Aecoc explica que los números, a simple vista, no aportan información y no tienen significado, son el “equivalente al DNI de una persona”, pues el valor del código es la información contenida en su base de datos.

En el habitual código de barras de trece dígitos se puede dividir su lectura en tres apartados, los primeros para identificar a la organización de GS1 que le asigna y a la empresa que lo ha solicitado.

Los siguientes sirven como contador de las referencias dadas de alta por las empresas y, finalmente, el dígito de control es el resultado de un cálculo que permite identificar de forma única los productos.

Las barras del código simplemente contienen la información numérica mediante símbolos para permitir su lectura con escáneres.

Después de medio siglo, aquel código diseñado por el ingeniero de IBM George J.Laurer ha evolucionado en dos direcciones fundamentalmente.

La primera, el desarrollo de más códigos lineales diferenciados para su uso en almacenes o con fines logísticos.

Y en segundo lugar se están extendiendo los códigos en dos dimensiones, con el desarrollo de algunos más pensados para medicamentos y tabacos, y el QR abierto, que está llamado a ser el futuro del código de barras en el punto de venta, pues al estar codificado con una URL con información estandarizada permite la introducción de todo tipo de información.

Madura bien el código de barras en un mundo globalizado y digitalizado, en el que la información, el dato y la conexión son la savia que recorre la economía y el comercio mundial.