Destacado

Tiger Woods se ve capaz de dar caza a Jack Nicklaus

Pinterest LinkedIn Tumblr

TeeTime Klever / Marca

“Si todo va bien, aún puedo ganar una chaqueta verde más”, dice la megaestrella en Augusta

Tiger Woods, 48 años y quizás aún más cicatrices en todo el cuerpo, sigue siendo la salsa del Masters de Augusta. Desde aquel regreso desde los infiernos con la victoria de 2019, Woods, ahora ya más pasado que presente para muchos, no ve imposibles.

Nadie se atreve a apostar un dólar contra la megaestrella que este año, además, viene con confianzas renovadas.

“Creo que si todo va bien, aún puedo ganar una chaqueta verde”, sostenía delante de los periodistas minutos después de que su amigo Fred Couples (64 años) acabase nueve hoyos jugando con él y confirmara que está mejor de lo que su expediente hospitalario histórico podría hacer creer.

“No me extraña que no hable de pasar el corte porque no está para eso”, hecho que ha logrado 24 veces seguidas. “Sólo le he visto unos pocos hoyos, pero está para ganar”.

Woods persigue el sueño de igualar las seis chaquetas verdes de Jack Nicklaus, hazaña que, además, le daría el liderato histórico en torneos puntuables para el PGA Tour superando las 82 victorias que comparte con Sam Snead. “Si tengo un poco de suerte, ¿por qué no?”, reflexiona.

Un tratado médico

Todo está fusionado en Woods: el tobillo, las vértebras. También el pasado lejano y el cercano. Se abrazó a su fallecido padre Earl en Augusta en 1997 cuando ganó su primer grande; lo hizo a su hijo Charlie en el decimoquinto, su última victoria en 2019.

Siempre con la misma obsesión de ganar, aunque con tanta operación rodilla y espalda redoblan las cargas que ya no ayuda el resto del cuerpo.

Para eso, para las victorias, se ha entrenado en casa de forma concienzuda. “Algunos días me siento muy bien y otros no tanto”, revela, “pero es que me encanta el golf. Esa mezcla entre el amor que tengo a este juego y el amor por la competición, es una de las razones por las que he tenido una carrera exitosa, sin duda. Y es también la razón por la que sigo jugando. Aunque más allá de los golpes desde el tee sea un desafío continuo para mi físico”.

Su espíritu también está alineado. Este último mes ha interrumpido su deseo de jugar un torneo cada mes porque no se veía ni físicamente ni en el juego, pero ahora es distinto.

Incluso que el jueves amenace tormenta eléctrica es casi una bendición. “Al menos hará calor, no como el año pasado. Lo que es de agradecer”.

Write A Comment